En un paseo por las nubes se descubre el amanecer, y el sol le da un beso a la rosa. La hace despertar tras un largo sueño de aventuras. El calor de la primavera devuelve la vida a las praderas, y los ruiseñores le cantan a las mujeres, con letras, con sangre, y la flauta del cielo lo acompaña, le hace los acordes. En un paseo por las nubes se reinventa el amor, y las alas de la mariposa se agitan arriba y abajo en el sonido de un segundo fugaz. Suenan las cuerdas de una guitarra en una serenata. Sube el calor desde la tierra, desde el brote más pequeño a la nube más grande de algodón. En un paseo por las nubes el baile le marca el paso al romanticismo, lo dirige, lo eleva, lo pulveriza en cientos de pequeños besos rugientes. Y más allá de las praderas, entre las uvas, entre las espigas, crece una raíz de la vida, se alimenta del sol naciente, se baña en la plata de las estrellas. En un paseo por las nubes se han quedado a dormir los amantes. El tren se ha estacionado para no partir. Se han deseado el cuerpo, se han reunido sus almas en un destello imperecedero. Sí, ahí se han quedado. En un paseo por las nubes a descansar, con la nube hecha fuego y el sol pintado de rosa.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
domingo, 18 de octubre de 2009
Paseo por las nubes
En un paseo por las nubes se descubre el amanecer, y el sol le da un beso a la rosa. La hace despertar tras un largo sueño de aventuras. El calor de la primavera devuelve la vida a las praderas, y los ruiseñores le cantan a las mujeres, con letras, con sangre, y la flauta del cielo lo acompaña, le hace los acordes. En un paseo por las nubes se reinventa el amor, y las alas de la mariposa se agitan arriba y abajo en el sonido de un segundo fugaz. Suenan las cuerdas de una guitarra en una serenata. Sube el calor desde la tierra, desde el brote más pequeño a la nube más grande de algodón. En un paseo por las nubes el baile le marca el paso al romanticismo, lo dirige, lo eleva, lo pulveriza en cientos de pequeños besos rugientes. Y más allá de las praderas, entre las uvas, entre las espigas, crece una raíz de la vida, se alimenta del sol naciente, se baña en la plata de las estrellas. En un paseo por las nubes se han quedado a dormir los amantes. El tren se ha estacionado para no partir. Se han deseado el cuerpo, se han reunido sus almas en un destello imperecedero. Sí, ahí se han quedado. En un paseo por las nubes a descansar, con la nube hecha fuego y el sol pintado de rosa.
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