Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 12 de octubre de 2009

Velero en la aurora


En la aurora de la mañana venía un velero con acorde de violín, con velas de horizonte y jardín de jazmín. Venía el velero rozando las aguas, haciendo salir a bailar al sol de las montañas. El aire se respiraba limpio. Y el rocío dibujaba estelas de papel en las murallas de plata. De a poco fueron despertando las muñecas, de a poco fue llenándose de espuma el mar. Y mientras el velero avanzaba hacia el puerto, en el castillo sonreían las sirenas, escribían de alta mar. Y las muñecas peinaron sus cabellos, y se vistieron con zapatos de charol. ¿Qué de nuevo traía para cantar el velero? ¿Qué historia de amor podía contar? Una armónica de versos dulces, una flauta de labios y magnolias. Sólo el cuerpo desnudo, dejando a la muñeca, sin vestido ni farsa. Y así, de lejos en la torre, el mismo acorde de violín haciendo paso a la mañana. El mismo velero serpenteante de un nudismo efímero.

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