Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
Mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida
Frente a tu puerto, como el mar
Desmedido, frenético, en un suspiro.
Y hoy frente al mundo somos como una sola vida.
Así fue, así es y así será hasta cuando,
No exista fulgor en demasía
Ni tiempo suficiente al final del día.
Y todo ardió en azul, todo fue estrella
Consumiendo cada pétalo inocente
Devorando el cielo clandestino.
Antes de amarte, amor, nada era mío
Primavera solitaria, calles vacilantes
Sin apellido, ni maestro.
Oh corazón, oh mía desde todo el silencio
Tu regalo para mi, guardado
Derrotado el amor en aguacero.
Tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
Cuando desnudo estás, a un simple centímetro
Con la valentía descubierta y empeñada.
Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño
Redescrubrió el cosmos, pintó planetas
Se vistió de rojo, con ternura.
Eres un caballito de greda negra, un beso
Contemplado en mi atmósfera
Resistido entre mis piernas.
Y toqué en tus caderas los pétalos sombríos
Que nacieron conmigo y construyeron mi alma
Contando océanos y volcanes
Humedeciendo de norte a sur, lo salvaje.
Tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,
Tus besos son racimos con rocío,
Abriéndose al sol de la mañana
Gritando al fin, mi nombre y mi descaro.
(Re-escritura. Desde Soneto XXII a Soneto XXXI).
Pablo Neruda. Cien Sonetos de Amor.

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