Las cosas quieren arrastrar vestigios,
De un amor entrañable
De promesas volando en arcoíris
Y ahora nos vamos a la casa
En soledad, sin embargo
Con ese muro ciego lapidando corazones
De tal modo que asumes cuanto existe
Aceptas pálido, el navío
Su rumbo, la brújula, el oeste sin más
La tarde fue. La noche deslizó sigilosa
sobre el sueño del hombre su cápsula celeste.
En lontananza tus labios, lo conocido
En dos tristezas, paraíso dividido
Las letras extraviadas que buscaban tu boca
Redirigen energía al apagado horizonte
Con líneas de tinta, desamparo
Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea,
Tan lejana tu mano en mi cintura
Distante, mis ojos en los tuyos
Y tú que subes, cantas, corres, caminas, bajas,
A la intemperie de mi vida
Comenzando a crecer, por fin
Y es así cómo, trabajando, desprendes
El sentimiento ahogado en una caricia
Mi fantasía encapsulada sobre tu pecho
Dame el atormentado sistema del silencio,
el pabellón del mar olvidado en la arena.
Toda distancia que me ayude a dejar ir,
Caramelo, nuestra historia
Madurará, arderá como ardieron los frutos.
Divididos serán los pesares: el alma
Desgastada en la vieja música
Pereciendo el amor en el lazo criminal del fuego.
(Re-escritura. Desde Soneto XXXII a Soneto Soneto XLI).
Pablo Neruda. Cien Sonetos de Amor.

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