Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido.
Nada, pero absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas, podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante.
Es por eso que es inútil pretender reescribir el pasado, o desgastarse pensando en "si hubiera hecho tal cosa...". No. Por algo no fue, o sí fue de ese modo en particular.
Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado.
Tuvo que haber sido así para formar nuestro presente, y la definición de nosotros mismos. Tuvo que haber sido así para construir una línea de continuidad en el mundo, en el tren de nuestras vidas. A partir de cada momento que pasó, que nos sucedió, el camino se bifurcó hacia alguna parte. Aprendimos algo, lloramos, reímos, nos decepcionamos para luego, recuperar la fe nuevamente. Tuvimos una idea, a veces, la mente en blanco. Creamos y destruímos. Nos enrabiamos, y volvimos a reconciliarnos con la vida. Nos caímos, tomamos malas decisiones y otras buenas, crecimos, maduramos, sacamos algunas lecciones, nos frustramos, nos enorgullecimos, perdimos algunas cosas y/o personas, y talvez, ganamos otras.
Tantas cosas nos han sucedido. Lo que hay que saber, es que todas y cada una de ellas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo. Aunque a veces, esas cosas que nos suceden nos signifiquen intenso dolor, angustia, o pena.
Tantas cosas nos han sucedido. Lo que hay que saber, es que todas y cada una de ellas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo. Aunque a veces, esas cosas que nos suceden nos signifiquen intenso dolor, angustia, o pena.
Lo que ha de suceder, ha de hacerlo. Aceptar la vida, tal como viene.
Es el aprendizaje más necesario.
Pero al mismo tiempo, el más difícil.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario