Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 27 de junio de 2012

Sabiduría interna

A veces, crecimiento significa saber cómo y cuándo, emplear ciertas formas de egoísmo. Un egoísmo que es necesario para la constitución de un "yo". Implica dejar de complacer al resto para acceder a una nueva forma de organización; la personal. Esa que emprende un vuelo en el abandono de lo impuesto, en el despoje de las sombras que se han vestido en nuestra espalda y en el silencio de los deseos de la sociedad. Esto no quiere decir que uno deba separarse de todo y volcarse sólo hacia uno mismo, puesto que finalmente se traduciría en un narcisismo patológico y en una falta de empatía para con los demás. Por el contrario, significa dejar de actuar desde lo que los demás quieren, de sus sueños, sus reglas y deberes, y en vez, trazar los propios caminos confiando en las capacidades personales, creyendo en esa energía que nos moviliza por dentro, dejando que la sabiduría interna que habita en cada uno, se exprese y explaye con toda la soltura del mundo. Que todo ese conocimiento que tenemos dentro nos permita crear nuestro espacio, y generar cambios en el entorno que nos rodea. Crecimiento significa aprender a escuchar a la intuición, a ese corazón alocado que nos manda necesidades y señales. Dejar de responder a los demás por el simple hecho de que lo demandan. Construir las propias formas de comprender y enfrentar el universo y sus desafíos, con la certeza de que cada uno es digno de amor, el amor propio, y ojalá, el de un otro que se encuentre con nosotros en esos viajes y vuelos. Pero por sobre todo, algo que ya he repetido en varias ocasiones, que ya somos merecedores y valiosos. 

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