Cuando el sol empieza a irse, siempre me baja un poco la nostalgia, más aún si estoy en la oficina. Es una sensación extraña. Algo me pasa que no sé bien cómo describir. Es una especie de ruido interno. Pero no es que tenga hambre (Ja!). Es un ruido distinto. Sólo en estas condiciones lo comienzo a escuchar. Antes, es como si no estuviera. Qué complejo de explicar... una mezcla de melancolía entre cierto falto de aire y encierro corporal. Y cuando suena y se agita, a veces sólo puedo calmar el desasosiego cuando saco fotografías de mi vista, o cuando tomo los lápices que son para los pacientes, y dibujo, o cuando vengo a mis servilletas de papel y escribo algo, no importa si tiene sentido o no. Es como una descarga mediante la producción creativa, el poner afuera, el volcar algo. El sol sigue cayendo. Muy detrás de las montañas. Muy a lo profundo de la tierra. Y entonces mi tarde se hace oscura. Deviene el frío. La oficina se vuelve silenciosa, y talvez es ese mismo silencio, el que se me hace difícil de tolerar.

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