Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. Un amor que yo creía imperecedero e intocable. Un amor que me esforcé por creer que sería infinito y que podría superar cualquier cosa.
Y esta mañana, cuando me desperté, leí aquella historia con todas sus cartas y vaivenes, y decidí que no voy a mirarla más. Tal amor no pudo ser. Pues era nada más que el amor enamorado de sí mismo, de una idea, de un concepto, no de la persona del personaje.
Sin embargo, también hay que reconocer, que nadie llega porque sí a nuestras historias, y que cada uno de los que transitan por nuestro camino, tienen un rol vital en la etapa de vida en la que nos encontramos. Dejan una importante huella, aún cuando no puedan quedarse a ver el final. La verdad, es que yo aprendí muchas cosas, me enseñaron y ayudaron en otras varias. Me sentí acompañada en un momento que era opaco y me movilizó a querer tener iniciativa en un trayecto que parecía tan difícil. Hoy, si me preguntan, no me arrepiento de nada. En ese entonces, sí creí que era una historia de amor casi sacada de una leyenda. Y como tal, entregué y lo di todo hasta mi último respiro, sin dudas, sin cuestionar, sin tener ninguna certeza de que mi gran historia de amor fuese a perdurar. Y bueno, no lo hizo.
Lo que sí he podido comenzar a comprender, es que las historias reflejan nuestras necesidades presentes. La mía puso en escena, mis miedos y tormentas. Mostró mi realidad con toda su crudeza. Esa torcida. Esa estacional. Esa solitaria. Esa triste, indomable, apasionada, frágil, enamorada e ingenua, forma de vivir. Y si bien he avanzado en muchos aspectos, todavía hay un pequeño pedacito de cada una de esas características de las cuales me es complicado desligarme, pero también, ¿tengo que hacerlo?
Hoy y ayer escribí una historia. Y a medida que el tiempo sigue corriendo, ya nada me parece tan intocable ni tan mágico. A veces pienso que no volveré a sentirme como fuego que se quema, ni que se puede ser codo a codo con alguien, casi consumido por amor. La verdad, ya ni siquiera tengo muy claro si es correcto querer esperar o sentir eso, o incluso si es lo que yo quiero. No sé qué busco.
Hoy y ayer, y hace más de tres años, escribí una historia. Dice mucho de mí, de lo que alguna vez quise, de lo que nunca conseguí. Dice mucho de mis deseos, de mi vulnerabilidad, habla de todo lo que he perdido en este viaje de nueva soledad, de independencia. Y hoy, más que cualquier otra cosa, me pregunto si habrá alguna otra historia de amor.

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