Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 28 de noviembre de 2016

Alicia

Alicia ve las vías en silencio. Es su lugar favorito para pensar y estirar las ideas, pero también, para gritarle al vacío las verdades que no puede nombrar. El sol de la tarde comienza a ocultarse. Las espigas se mueven con el viento. Sus pies cuelgan de ese banquillo de madera del que a veces le gustaría saltar y olvidarse de todo. Le caen un par de lágrimas sobre su jersey, y con ello se le corre el maquillaje negro de los ojos. Sin embargo, a estas alturas, ¿importa realmente? Porque cuando Alicia ama el silencio y al mismo tiempo lo odia, aparece más de alguna de las contradicciones básicas de su vida. Porque quiere amar y al mismo tiempo quiere irse. Porque quiere fundirse, explotar, y al mismo tiempo se ahoga, no puede respirar. Y allí, donde la habitación se hace un poquito más amplia o tal vez más oscura, se ha imaginado a sí misma acostada sobre las vías, con las luces cayéndole encima como un relámpago que la fulmina. Piensa cómo sería ese fragmento; en el que un impacto puede reducir los años en tan sólo segundos y descansar. Sólo descansar. 

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