Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

jueves, 1 de diciembre de 2016

Agustina

Agustina se adentra en la neblina como si fuese su propia confusión interna dibujada en la carretera. Se hace tarde y va en su coche camino a casa. La radio suena canción tras canción, pero ella sólo piensa en que no sabe si quiere cruzar la puerta. Tiene miedo. Tiene pena. Imagina lo que le espera después de una ley del hielo que pareció una eternidad. Quiere hablar y decirlo todo, pero a veces piensa que no tiene sentido, que no sabe cuál es el punto de comunicar si no es escuchada, si nada cambia. Y a pesar de todo eso, lleva varios días diciéndose a sí misma que ha sido una decisión, su decisión y que sin voluntad, de seguro todo podría irse a la basura de igual forma. Pero a la vez, el silencio ha interpretado cada una de sus dudas, tanto así, que tuvo una crisis de pánico antes de dormirse la noche anterior. Agustina creyó que moría. Y le paralizó sentir que el aire no era suficiente, que no era capaz de llenar sus pulmones como para salir de ese estado de asfixia.

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