Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 25 de noviembre de 2019

Antonella

Antonella se sienta frente a la máquina de escribir con una hoja de Nepal en blanco. Siente que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvo ahí, en ese universo tan suyo, en ese escritorio que almacena alegrías, amores, secretos, inseguridades y también, una que otra angustia. Sus dedos sienten las teclas y es como si nunca se hubiese ido. Todo comienza a brotar como una música fácil, y entonces, las palabras emanan del manantial de la vida; lo atesorado y lo sufrido en su máxima intensidad. Antonella sonríe, sus pies se mueven inquietos y los dedos corren a toda velocidad por esa máquina tejedora de ilusiones. Ella piensa; ¿cómo resumir un año de aprendizajes, de desconcierto y complicidad en una sola hoja? Se ha caído, y se ha vuelto a levantar en un camino profundo y transparente de crecimiento. Y eso la ha hecho sentirse más grande, más valiente, más viva, más enamorada que nunca. Antonella deposita su fe por completo en esa página blanca, como si ésta viniese a ser la próxima testigo de todas las emociones que han circulado por ese corazón aguerrido, pero al mismo tiempo, tan vulnerable. Sí, esa hoja de Nepal tiene el poder de recordar las historias y las desventuras, y entonces, cuando la sangre misma se detenga, Antonella sabe que al final de aquellas líneas solo existe una única nota al pie de página que sea posible; amar y seguir amando. 

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