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Una vez pensé que el cielo se iría cayendo a mi paso y que las hojas secas del otoño huirían de mis brazos, que las paredes de mi historia se irían angostando poco a poco hasta dejarme en una prisión solitaria y sin salida alguna. Al mismo tiempo imaginé, que tú volabas sobre el agua clara de mis ojos y que de pronto una ola llena de furia te conducía al fondo y que los dioses te arrebataban la vida con el pretexto de un final mejor. Miro todo aquello y no entiendo... ¿qué torbellinos de ideas pasaban por mi cabeza?
Y me hallo entonces en el jardín de mis emociones sin respuesta alguna, pero de lo único que estoy segura es que deseo que tu ausencia me deje respirar, que el pasado polvoriento y envejecido me permita avanzar, que mis labios sientan la dulzura de la primavera y que mi sendero futuro comience de flores y termine de luces. Que el viento perdone mis faltas y que aquel que nos espera al final de todo aliento, al final de todas las cosas, olvide que existo para aprovechar cada palabra, cada minuto.
Y sin embargo, las líneas de tu rostro acuden a mis ojos con el amanecer del sol cada mañana y la tristeza me abruma porque sólo deseo campos de maravillas para ti, quisiera decirte tantas cosas pero nuestras manos se distancian con el correr del tiempo. Si oyeras mi canto allí a lo lejos, diría algo así; deja de quebrar los espejos de tu reflejo que con eso no consigues nada, y en cambio, ven a cabalgar conmigo en las nubes del pensamiento, o mejor, camina descalzo por el sendero de la virtud. Salta de las copas más altas de los árboles hacia el horizonte y nace como el sol cuando aparece por la cordillera, pero jamás te duermas, mantente como la luna, en vela, cierra los ojos y libera de una vez tus manos. Traspasa el infinito, y cuando lo hayas visto todo, acuérdate que yo te quise alguna vez y que la tierra te llama nuevamente.
Pero luego creo que no podría y callo como siempre lo he hecho y entonces me queda nada más que recuerdos, fragmentos de historias esparcidos como granitos de arena y aquel sueño que vagamente aparece de noche y que en el fondo es sólo locura, me atormenta con látigos de ilusiones para no decirte adiós tan pronto.
Y me hallo entonces en el jardín de mis emociones sin respuesta alguna, pero de lo único que estoy segura es que deseo que tu ausencia me deje respirar, que el pasado polvoriento y envejecido me permita avanzar, que mis labios sientan la dulzura de la primavera y que mi sendero futuro comience de flores y termine de luces. Que el viento perdone mis faltas y que aquel que nos espera al final de todo aliento, al final de todas las cosas, olvide que existo para aprovechar cada palabra, cada minuto.
Y sin embargo, las líneas de tu rostro acuden a mis ojos con el amanecer del sol cada mañana y la tristeza me abruma porque sólo deseo campos de maravillas para ti, quisiera decirte tantas cosas pero nuestras manos se distancian con el correr del tiempo. Si oyeras mi canto allí a lo lejos, diría algo así; deja de quebrar los espejos de tu reflejo que con eso no consigues nada, y en cambio, ven a cabalgar conmigo en las nubes del pensamiento, o mejor, camina descalzo por el sendero de la virtud. Salta de las copas más altas de los árboles hacia el horizonte y nace como el sol cuando aparece por la cordillera, pero jamás te duermas, mantente como la luna, en vela, cierra los ojos y libera de una vez tus manos. Traspasa el infinito, y cuando lo hayas visto todo, acuérdate que yo te quise alguna vez y que la tierra te llama nuevamente.
Pero luego creo que no podría y callo como siempre lo he hecho y entonces me queda nada más que recuerdos, fragmentos de historias esparcidos como granitos de arena y aquel sueño que vagamente aparece de noche y que en el fondo es sólo locura, me atormenta con látigos de ilusiones para no decirte adiós tan pronto.
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