Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

domingo, 20 de abril de 2008

Mal afortunado


Humo de tabaco. Una pipa de madera que hacía silbidos en sus labios gastados. Y cara al horizonte inventaba crucigramas, escribía letras para una canción de amor. Mujeres... ¿quién las había traído al mundo? Muy bien sabía él lo que era pecar de estupidez y cobardía. Si tan sólo pudiese echar pie atrás el tiempo. Cigarras entre la hierba disimulando el silencio evidente de la soledad. Y aureolas de humo decorando el cielo, creando paisajes lejanos. ¿Por qué la había dejado ir? ¿Por qué no le había dicho que la amaba? Tantas oportunidades que había tenido.. mágicos teatros, danzas, y una llama de fuego que bailaba en sus labios, gritaba su nombre. Maldita su estupidez. Tiempo había pasado ya. Ella estaba con otro. Y él había desperdiciado todas sus chances. ¿Por qué no podía olvidarla? ¿Por qué quería desearla una y otra vez? Y entonces se vio vestido de tristeza en aquella tierra asolada por el dolor, donde cada noche una estrella caía muerta y el cielo azul se tornaba oscuro y más oscuro. Relámpagos y un reflejo vacío en el agua. Vientos helados. Y luego se sentó a llorar en el pasto marchitado, esperando despertar de su pesadilla, de aquel infernal amor. Y así se callaron todas las verdades del mundo y llegó el silencio, la soledad, el miedo. Un leve sonido de gaita y… en un último respiro, la muerte.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusto el escrito. Pero eso de quedarse sin la niña, no es necesariamente malo. Toma tiempo darse cuenta, pero atener el amor es igual de entretenido que perderlo. La tristesa es un sentimiento tan valido, tan pleno, tan entretenido como la felicidad. O tal vez yo sea masoquista. Saludos.