
De sus labios carmesí brotaba una gota de sangre. Y su rostro ojeroso frente al espejo reflejaba el poder de la enfermedad que habitaba en su cuerpo y en su alma. No podía curarlo. No podía embriagarse de tequila, ni tampoco olvidar sus miedos con el humo de aquel tabaco irlandés. ¿Por qué dejaba que se apoderara de ella día tras día? Ningún amor que hace daño vale lo suficiente, simplemente no es amor. Y con los cabellos estropeados, y un frasco de pastillas en la mano, le temblaban los pies, le dolía el corazón. ¿Por qué no se había ido? No podía tirar a la basura los nueve años de su relación, y sin embargo, los dedos marcados en su rostro la hacían desistir una vez más. Caía otra gota. ¿Por qué si la amaba la golpeaba tan duro? Tantas opciones para morir cuando ella sólo quería la vida. Salir del infierno. Sonreír de nuevo. Recuperar su juventud, y su belleza. ¿Por qué su piel ya no era blanca sino violeta? La injusticia del amor, o la ceguera de la cobardía. Y el peor de los crímenes.
1 comentario:
me encanto... ayer escribi algo que se parece un monton a tu tema, obviamente que expresado a mi manera... me gustaria lo pudieras leer, se llama de sal y metal, esta en mi blog, "the imprenta"
theimprenta.blogspot.com, me gusta la foto y lo preciso de tu mensaje... :)
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