Un día vi brillar una estrella, en algún lugar del arcoíris. Y muy alto, muy alto, yo dormía entre tus brazos mientras me cantabas una canción de cuna. En ese lugar el cielo era azul resplandeciente, y los sueños estaban vivos, corrían de un lado a otro llevando flores en sus labios y poesías en el corazón. Y en aquel arcoíris no se asomaban nubes, y los pájaros volaban desde el horizonte hasta posarse en tu nariz. Así escuchaba yo tu voz, una melodía dulce en castillos de plata e historias armoniosas. Y hoy, ya no existen las canciones de cuna. Estamos demasiado grandes para eso. Hoy cantan las ilusiones, la fe, y la confianza que de a poco vamos forjando en una chimenea ardiente. Sí, todo florece, todo adquiere un sabor dulce y lo guardamos en un baúl lleno de cosas personales, lleno de pequeños secretos que nos hemos decidido a confiarnos. Caminamos juntas, yo sé que podemos derribar esa puerta, pues para nosotros ninguna fortaleza es inexpugnable. Todo lo contrario, las dos somos un arma, un sostén para protegernos de las tormentas del norte, para sopesar juntas, los días lluviosos, los momentos amargos. Y de la mano vamos hacia el arco iris, y en la playa nos quedamos a descansar. Pues ahí todo es bello, todo tiene un aire tranquilizador, y el espíritu vuela libre, y nuestras manos se unen para descansar en paz. Te quiero mamá, con toda mi alma.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
sábado, 9 de mayo de 2009
Carta a Mamá
Un día vi brillar una estrella, en algún lugar del arcoíris. Y muy alto, muy alto, yo dormía entre tus brazos mientras me cantabas una canción de cuna. En ese lugar el cielo era azul resplandeciente, y los sueños estaban vivos, corrían de un lado a otro llevando flores en sus labios y poesías en el corazón. Y en aquel arcoíris no se asomaban nubes, y los pájaros volaban desde el horizonte hasta posarse en tu nariz. Así escuchaba yo tu voz, una melodía dulce en castillos de plata e historias armoniosas. Y hoy, ya no existen las canciones de cuna. Estamos demasiado grandes para eso. Hoy cantan las ilusiones, la fe, y la confianza que de a poco vamos forjando en una chimenea ardiente. Sí, todo florece, todo adquiere un sabor dulce y lo guardamos en un baúl lleno de cosas personales, lleno de pequeños secretos que nos hemos decidido a confiarnos. Caminamos juntas, yo sé que podemos derribar esa puerta, pues para nosotros ninguna fortaleza es inexpugnable. Todo lo contrario, las dos somos un arma, un sostén para protegernos de las tormentas del norte, para sopesar juntas, los días lluviosos, los momentos amargos. Y de la mano vamos hacia el arco iris, y en la playa nos quedamos a descansar. Pues ahí todo es bello, todo tiene un aire tranquilizador, y el espíritu vuela libre, y nuestras manos se unen para descansar en paz. Te quiero mamá, con toda mi alma.
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