Otra vez estás ahí golpéandome la puerta, queriendo creer que me quieres. Pero no te equivoques, el amar no es querer. Tuvimos nuestra oportunidad y ese tren ya se fue del andén hace mucho tiempo atrás. Es imposible retroceder el tiempo. Es imposible querer algo que no podría surgir ni de cenizas. Y mientras discutimos del pasado y tú te preguntas por un futuro, yo quedo en shock con tantas de tus reacciones. Impactada de la vida. De sus vueltas, de sus conflictos y de esos caminos que parecieran querer regresar al punto de partida. ¿Pensaste que esta vez callaría? No, he aprendido a dejar los silencios y a tomar el toro por las astas. Y aún así, qué desconcierto ha sido descubrir aspectos tuyos que no había notado antes. Estas ahí, parado en la ventana, diciéndome que estás confundido, que quisieras algo más, y más aún me reprochas por no abrir una posibilidad. Estás ahí, golpéandome la puerta, queriendo creer que me quieres. Y sin embargo, sigues siendo el mismo niño con miedos y conflictos, el mismo que se queda esperando que las cosas le sucedan como por arte de magia. Cuando quieras conversar maduramente, yo personalmente te abriré la puerta.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
viernes, 8 de mayo de 2009
Esperando a la puerta
Otra vez estás ahí golpéandome la puerta, queriendo creer que me quieres. Pero no te equivoques, el amar no es querer. Tuvimos nuestra oportunidad y ese tren ya se fue del andén hace mucho tiempo atrás. Es imposible retroceder el tiempo. Es imposible querer algo que no podría surgir ni de cenizas. Y mientras discutimos del pasado y tú te preguntas por un futuro, yo quedo en shock con tantas de tus reacciones. Impactada de la vida. De sus vueltas, de sus conflictos y de esos caminos que parecieran querer regresar al punto de partida. ¿Pensaste que esta vez callaría? No, he aprendido a dejar los silencios y a tomar el toro por las astas. Y aún así, qué desconcierto ha sido descubrir aspectos tuyos que no había notado antes. Estas ahí, parado en la ventana, diciéndome que estás confundido, que quisieras algo más, y más aún me reprochas por no abrir una posibilidad. Estás ahí, golpéandome la puerta, queriendo creer que me quieres. Y sin embargo, sigues siendo el mismo niño con miedos y conflictos, el mismo que se queda esperando que las cosas le sucedan como por arte de magia. Cuando quieras conversar maduramente, yo personalmente te abriré la puerta.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario