Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 8 de mayo de 2009

Al mar, al mar

Te echo de menos. Todos los días que veo el mar. Es cierto, los recuerdos lindos perduran y todo el amor queda aquí guardado en el corazón, guardado en una puerta de madera, en una casa de piedra, y en un cartel que dice Los Lirios 1056. Y mientras las olas rugen se proyecta en los reflejos tu sonrisa, y esa voz con la que nos invitabas al mar. Siempre te gustó, siempre fuiste un hombre con corazón de oro aventurándose contra las olas, disfrutando con poco, riendo con lo más mínimo. Y aún cuando han pasado los años y tú no estás a nuestro lado, te siento en el mar. Eres un grano de su sal, una gota de su espuma, y la acuarela de sus colores. Y cada vez que vuelva a él, que coloque mis pies sobre la arena, casi tocando el mar, tú estarás ahí dándome la mano. Y nos bañaremos como solíamos hacerlo, ahí contra las olas y bajo ellas. Nos volverán a llamar “los rompeolas”, y el sol brillará a lo lejos, y la araucaria milenaria de playa amarilla seguirá estando ahí, conteniendo todos nuestros recuerdos para que cada vez que volvamos, el mar vuelva a rugir, y nos llame, “al mar, al mar”.

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