Ya están más o menos claros los diagnósticos; ¡qué pesadilla! Los funcionamientos, las defensas, los modus operandi, todo, ha sido puesto sobre la mesa. Cada uno de los relacionamientos más recónditos, aquellos con los que se ha ido creciendo y aprendido a ser-en-el-mundo, salen a la luz con ese absurdo evidente y la noción de que el primer trabajo ya está listo, todo se descubrió, ¿y ahora qué se hace? ¿cómo se pasa de la perfecta racionalización y teorización de los conflictos a la integración y revinculación? Aquello que una vez me parecía muy obvio en los ojos del terapeuta, ya no me es tan simple a los ojos de persona común y corriente, vulnerable. Supongo que el primer paso de consciencia que se ha dado, es fundamental, el tema es poder tener el insight suficiente en el aquí-y-ahora como para poder introducir pequeñas variaciones que signifiquen grandes oportunidades de recibir y dar un trato diferente. Para que toda esa carga de estilos y modelos funcionales, pero nada sanos, no sean proyectados a otras personas, no definan cómo quiero estar-con-otros, no perturben mis relaciones futuras, ni mi manera de aproximarme a la vida. Qué difícil, levanto la cabeza y sólo puedo pensar que el camino se viene largo y duro, pero vale la pena.

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