Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 4 de julio de 2012

Se desviste la inseguridad

Lentamente las inseguridades se desvisten de mi cuerpo. En este camino de auto entendimiento, de comprender cómo se ha llegado al punto en el que uno está, surgen alternativas diferentes, nuevas posibilidades de afrontamiento, de mirar la vida, de aproximarse a las cosas. Ya no basta lo aprendido, las historias que uno se había contado por tanto tiempo. Ya no sirven las excusas, no son suficientes, ni pueden seguir paralizando el propio rumbo. No se puede seguir utilizando a los demás, como pretexto para no hacer o decir lo que se quería. Se hace imperativo, coger las riendas, permitir el desarrollo del ser, sus deseos, sus necesidades, la autonomía, la independencia. Permitir que el cuerpo y el alma florezcan libremente, sin contenciones ni barrotes. En este proceso de auto descubrimiento, aparecen cosas que antes no había visto (o no estaba preparada para ver), el punto final es que, lo tengo todo, todo lo que necesito está en mis manos, sólo hay que arriesgarse a ponerlo en juego, a ofrecerlo. Hay tanto en mí para entregar al mundo, hay tanto que el mundo tiene para darme también. A veces es bueno disminuir las expectativas, las exigencias, y en vez, observar con asombro todo lo nuevo, recibir con alegría todo lo que está ahí, a la espera de uno. Abrir cada uno de los sentidos para volver a maravillarse, incluso de las cosas más pequeñas, incluso de lo más ridículo y/o evidente. Dejar de pensar que las cosas nos suceden, y salir a escribir más versos de aquello que creamos en el día a día, de aquello que buscamos conquistar. Planificar menos cada una de las situaciones, el futuro, lo que se hará, hoy y mañana, planear menos las cosas, como si todo tuviera que necesariamente seguir nuestro pulso y nuestro ritmo. No, también dar cabida a otras temporalidades, a otros bailes, a que el universo nos de la serenidad de que para todo hay momentos. Dejar de refugiarse en lo conocido, en lo cómodo. Dejar de pensar que lo que hay ante nuestros ojos, es el único destino posible. Y en vez, salir más, buscar más, disfrutar más, aprender más, enamorarse más, amar todos los días. 

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