Qué sensación más extraña es comenzar a formar el propio hogar. Escoger cosas, diseñar, comprar, armar, pintar, etc. ¡Y vaya! ¡Qué casualidad!... también tengo sentimientos encontrados ante esto, sentimientos que oscilan entre la alegría y la curiosidad, hasta la pena y la apatía. Después pienso, que es normal, que no podría ser de otra manera, no por cómo se dieron las cosas, los descenlaces. Y recién entonces como que me siento algo mejor, disminuyen un poco las ansiedades y las angustias. Es parte del proceso me digo. Parte de crecer, de madurar, pero por sobre todo, de diferenciarse, de conseguir esa individualidad que parecía imposible, esa experiencia de sentirse ser-en-el-mundo, y no tener que darle explicaciones a nadie. Sólo ser, y apropiarse de ese sentido de vida con toda la autoestima, valentía y la energía vital.
Sí. Creo que va a ser un buen fin de año. Un final que era necesario y que no se podía dilatar any longer. Quiero, como he repetido hace algún tiempo, confiar en que algunas cosas tenían que suceder (aunque no fueran de mi agrado, de mi preferencia) para llegar a este momento, que quizás, de no ser así, no se habrían producido los cambios, la sinergia fundamental para movilizar las mareas, los ciclos, los procesos. De alguna u otra forma, tenían que resolverse las cosas, o simplemente morir en el intento.

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