La triste realidad a la que he ido despertando de a poco:
Después de los análisis y descenlaces, no me queda ninguna figura de la cuál afirmarme. Simplemente, no hay nada. Parece que recién estoy entendiendo esa frase de que "al mundo llegamos solos y nos vamos solos".
Ninguna, pero ninguna de mis figuras queda de pie después de las conclusiones y lecturas que le he podido ir dando a mi vida, no sé si finalmente será así para todos o para mí, si tendrá que ver con adoptar una mirada de excesiva crítica respecto de los roles y funciones, o si efectivamente el daño está hecho y punto, como si algo pudiera tratar de recuperar.
Me voy quedando con esta sensación como que de que ya no queda nada para rescatar. Yo tampoco puedo seguir intentando "salvar" a aquellos que no quieren ser salvados. No puedo forzar las cosas. No puedo cogerlos del brazo y hacer el camino y las decisiones por ellos. Ya no puede ser mi tarea, si es que alguna vez creí que tenía que serlo. No más.
Y al final de todas las batallas, por fin las cosas se me han hecho más visibles. No más negación. No más fingir. Lo que hay, es lo que hay. Y dentro de lo que yo pueda ejercer voluntad, ahí es donde mi mano tiene que trabajar. No donde no me corresponde. No en misiones que no eran mías. Tengo que sacarme esta armadura de soldado valiente, de príncipe al rescate y vivir mis propios procesos, mis propias guerras. De a poco, soltar mis propias corazas y descubrir quién soy, qué hay debajo de mi armadura, o más bien, despertar a mi esencia.
Después de todo esto que escribí, quedará entonces la pregunta de por qué esto ha sido llamado "la triste realidad". Sin embargo, la respuesta es obvia para mí. Hay interpretaciones, mensajes, sensaciones con las que me quedo que van a demorar mucho tiempo en sanar (si es que alguna vez se cicatrizan), y porque además, estar solo y saberse solo, sin tener el sentido suficiente de poseer una figura de estabilidad como para confiar en ella y en otros, para amar, es verdaderamente tomarse una pastilla de melancolía pura, en su dosis más doliente y cortopunzante.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario