Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 26 de febrero de 2013

Una historia de amor (2)

Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. 
Un amor que parecía sacado de un libro de Jane Austin. Un amor que era imperecedero. Que nada ni nadie lo podía tocar o afectar, ni siquiera el tiempo, ni el crudo invierno.
Era sin duda, una historia de ficción, pero también, tenía algo de realidad. Cada personaje compartía mis miedos, mis esperanzas, mis ilusiones, mis amores, mis tormentas y asperezas. Y si bien era sólo una historia, tenía tantas cuotas de mí realidad. De esa torcida. De esa estacional. De esa solitaria. De esa mágica, triste, apasionada, vulnerable, enamorada e ingenua, forma de vivir.
Era una historia que de a ratos se escribía con sangre, la mía.
Hoy y ayer escribí una historia. Y a medida que las épocas pasan, ya nada me parece tan obvio, ni tan evidente, infinito e intocable. Supongo que la cotidianeidad terminó por alcanzarme. Supongo que comprendí que la vida no es como los libros, aún cuando quisiéramos postergar esa fantasía un poquito más, sólo el tiempo suficiente para capturar un amor en una botella y que así no muera jamás.
Hoy y ayer, y hace más de dos años, escribí una historia. Dice mucho de mí, de lo que alguna vez quise, de lo que nunca conseguí. Dice mucho de mi fragilidad, habla de todo lo que he perdido en este viaje de crecer y madurar. Dice acerca de lo que no he vivido aún, de los cambios, los ciclos. Dice más de lo que podría soportar.
Y hoy, por sobre todo, tengo claro, que ya no es una historia de amor.
Nunca pudo serlo en realidad.

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