Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

domingo, 3 de marzo de 2013

Un día, sólo llegaré y...

Creo que una vez me pregunté aquí, en estas mismas servilletas de papel, lo siguiente:
¿Existe un tiempo, un momento, algo, para dejar de sentir?
¿Para que las cosas no te afecten de igual manera?
¿Para que cuando el dedo presione en la herida, ya no duela?
¿Cuándo es suficiente?

En los últimos meses han cambiado los escenarios, las modalidades. Ya no estoy ahí. Ya no estoy en los cuartos de negro. Y sin embargo, nada parece cicatrizar. No todavía. La soledad me persigue, los ojos tristes me acompañan cada vez que voy de visita. Cada vez que regreso. Y entonces pienso, ¿por qué siempre vuelvo? ¿Qué tiene para ofrecerme? Supongo que quisiera convencerme de que la distancia puede servir. Que un día, sólo voy a llegar y me van a recibir con los brazos abiertos, y nos vamos a reír todos juntos miles de horas, sin ningún motivo en particular. Probablemente sea demasiada fantasía. Sí, eso jamás sucedería. Pero al menos, por qué no poder creer que un día, sólo voy a llegar y me van a mirar con una sonrisa tierna y que estaremos sentados en el mismo espacio sin tener que coger las armas para defender nuestros propios castillos y corazas. Que un día, sólo voy a llegar y no voy a sentir angustia al cruzar la puerta, no voy a tener miedo. Que un día, sólo voy a llegar y ya nada me va a doler como lo ha hecho durante toda mi vida. 

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