Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Ágata

Ágata se bajó del vagón maletas en mano. Esta vez estaba rebosante de proyectos y sueños. No tenía que seguir huyendo. No tenía que continuar buscando respuestas en lugares recónditos. Todo estaba aquí, en esa estación de tren de siempre, en ese equipaje, en ese cuerpo humilde y ya conocido. Con el pecho aliviado y una iluminación de película llena de esperanza, caminó. Avanzó por la calle con sus certezas a paso decidido, dejándose guiar por el mágico poder de su intuición. Tanta música que tocar, tantas líneas que escribir, pensó. Porque si algo tenía claro Ágata, es que ya no había marcha atrás, sólo ir hacia adelante, más y más hacia adelante. Tan allá que inclusive pudiese ver el mar dar la vuelta al globo terráqueo. Tan allá que inclusive pudiese escalar el Everest. Tan allá que inclusive pudiese ir a la luna y regresar. Sí, Ágata estaba dispuesta a enfrentar cualquier cosa, todo con tal de caminar y dejarse fluir. Nada más hacía falta, sólo caminar. Y la mera idea de avanzar la hacía feliz. 

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