
No sé qué hago, o qué dejo de hacer. No sé lo que pienso, no sé aquello que quiero ocultar. No hay testigos, sólo sombras y figuras que dicen hola, que dicen adiós. Y todo es rojo, rojo sangre. ¿Qué es lo que podría significar? Nada cambia y yo sigo aquí, cortando muñequitas de papel y dibujando paraísos que no existen. Estoy cansada de esto. Y siento que no puedo más. ¿No puedes verlo... o no quieres? Un minuto parecemos prometernos el confín del mundo y al otro, me quedo con un cielo deshabitado en el que las estrellas se han escapado del daño. Y todo es púrpura, como un tinto añejo. ¿Qué más podría explicar? Se me desfigura el rostro. Va palideciendo. Mis ojos de cristal se fragmentan... las lágrimas son un ácido demasiado poderoso. Hasta mi alma se hace anciana. Todo gastado. Busco colores y no encuentro. Sólo hay una tela en blanco y negro que tiene la marca de unas poesías que resuenan a muerte y a dolor. Líneas diminutas, curvas, rectas, y un horizonte que ya no tiene forma. Cada contorno de mi cuerpo se disuelve. No hay nada. Nihilismo. Ni siquiera tengo un tono, y ya perdí la voz. ¿Todavía sigo aquí? Amargura y todo es gris, gris inexistente, empobrecido y lastimado. Ni la luna me acompaña. Huye la fe, a saltos la esperanza y la soledad se regodea como ganadora de batallas. Y yo me pregunto, me hablo a mí misma. Pero sigo sin entender. Un monólogo que no trae respuestas, o si las trae... no son las que quisiera escuchar. Esa es la torpeza del hombre. Cuesta reconocer aquella realidad que no queremos, que sabemos que es tal cual es. Tropezamos y caemos con la ilusión de construir algo. Vivo una manera que a ratos me susurra al oído cantos de libertad, de amor, de alegría, de quimeras por realizar, y a otros, es como un veneno que se expande, que lo destroza todo para dejar sueños que mueren, un dolor que carcome, llanto y gravedad. No me gusta ver en lo que esto se convierte. Y los semáforos se hacen eternos esperando que les diga algo, pero no cualquier cosa. Reclaman la verdad... protestan por la honestidad que tanto yo digo defender. Y las llamas se hacen polvo en mis manos, el fuego es una sátira a tu espíritu. Buena broma, excelente engaño. ¿Qué más puedo sangrar? Todo es blanco perla, como una playa que se aleja, esencia que se va. ¿Debería permanecer hasta que asome el sol? La lluvia ya no entrega salvación, sino remordimiento y angustia. ¿Qué es esta fuerza que siento en el estómago? Se revuelve, se agita, intenta decirme algo pero no sé qué. Cierro mis ojos, duermo. Sueño y pienso. Ojala pudieras verlo en mi cara. Ojala pudieras ver la sombra que sigue mis pasos cuando regreso a casa. No hay disculpas, no hay perdones. Nos hacemos los locos porque parece ser la mejor opción. Pero no lo es. Y se pierde la sombra, y me pierdo yo. Se apaga la vela, se enciende la mudez. ¿Por qué ya no puedo mirar nada igual? El disco sigue sonando, pero no sé si lo quieres escuchar, si alguna sola vez has querido en realidad. Miles de mentiras me han hecho más fría, han creado una coraza de la que no me puedo esconder. Personas que pasan, personas que quedan. Un cuento que no tuvo propósito desde que nací, desde que partió. Y ahora que llevo las millas recorridas... ¿qué hago con todo? Vivir, es una linda palabra. Tan fácil sería sólo dejarse llevar, no crear expectativas, no armar ninguna ilusión, ningún rompecabezas. Andar por el mundo con sonrisas aunque el cielo estuviese cayéndose sobre nuestros pies. Pero no se puede, yo no puedo. Y lo guardado me gana. El coraje no me alcanza. ¿Qué cosa loca no? Se me desgarra la piel y todo es celeste, como el azul cielo que me pide que continúe. Me entrega una brújula pero sin flechas... el camino lo tengo que crear yo. Encontrar los por qué, por último inventar las razones. Borrar los distintos caracteres y entregarme a lo que soy. Aguantar en ese pequeñito mundo paralelo, porque es lo que me mantiene en pie, aunque a veces duela regresar a la realidad. Escribirle a mi nombre un nuevo significado. Forjar la fuerza que necesito. Ya no puedo escupir fuego, he perdido la voz. Sólo me queda el puño y una tinta que poco a poco se desvanece. Dedos acalambrados y una necesidad ya satisfecha. ¿De qué color es todo ahora? Lo siento... sigue siendo rojo sangre, amargura o tinto añejo.
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