
Y me quedo pensando mientras la vida sigue corriendo. Distintos caminos y esa gota de incertidumbre en cada uno de ellos. Pero mi mente me avisa, me convence de que nada está asegurado en este mundo. La transitoriedad es un hecho y por eso sólo existe una oportunidad... tomar decisiones, aventurarse a correr riesgos. Y entonces llego a la misma conclusión, más vale disfrutar la felicidad que se siente y aprovechar la luz que brilla al despertar, que dejar de caminar por temor al futuro o por miedo a repetir viejos errores. Quedarse a la deriva es nada más que dejar que los dolores o sufrimientos pasados nos impidan encontrar la plenitud. Y así lo converso, me adentro en la verdad. Y llegamos a un acuerdo... el conocimiento es la base para hacer profundos los lazos. Y compartir es necesario para sentir que en vez de dos, somos uno hacia el mismo paraíso. Y sigo pensando, sigo amándote.
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