
Odio que nos quedemos con esta sensación que no sé cómo describir. Cuando algo nos ha frustrado como que un silencio nos invade. Nos miramos sin comprender, pero tampoco nos aventuramos a decir lo que pensamos. Es un momento incómodo... al menos para mi. Es ahí cuando alguno de los dos parece sentir que ha sido suficiente, que conviene separarnos en vez de quedarnos sin motivo. Y cuando ya andamos, yo desvío la mirada al paisaje nocturno que corre fuera mientras el coche avanza. Y tú sólo conduces, a veces intentas explicarte qué nos pasa. O eso imagino. No tengo cómo saber que hay en tu cabeza. Y entonces la noche se hace aún más tensa, pues el camino es largo para tanta mudez, y ninguna palabra serviría para romper el hielo. Luego no sabemos que decirnos, o si besarnos, hay una despedida extraña y después las luces de tu coche que se alejan. Yo cruzo la puerta y no puedo más que arrepentirme, o pensar en por qué solemos distanciarnos en vez de contarnos las cosas, en vez de ser más francos. Y me acuesto con esta sensación que no se cansa de atormentarme. Y no me gusta que suceda así. Ojala pudiera uno retroceder sobre sus pasos, cambiar el curso de las historias para escoger un final mejor. Quisiera que tuvieras ese poder, o yo, pero no es una posibilidad real. Y me quedo pensando, como lo hago siempre.. Pues quisiera encontrar un consuelo para mi alma, algo que terminara con esta sensación extraña.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario