
Un lugar pequeño, pero lleno de colores. Así me gustan. Pocas sillas y un aroma a La Habana que te penetra en el minuto que entras al local. Luces, miles de ellas. Y entonces esa música cubana que de a poco comienza a conquistarte los tacos, que te sube de los dedos hasta la última línea de cabello. La sientes en los oídos, corriendo juguetona por toda la piel. Y sin darte cuenta ya estás en la pista bailando. Y la música sube y sube de volumen hasta que dejas de escuchar todo lo demás. Hay tambores, y un agradable acento en el micrófono. Luego sonríes, y bebes tequila. Estás con tus amigas como si fuera una noche de soltería. Sólo risas por millones, tallas y bailes entretenidos. De pronto un, "¿quieres bailar chica?". Y nuevamente sin notarlo estás en la pista y alguien te lleva sin siquiera tocarte. Es casi mágico. Así es el ritmo de Cuba. Así es una noche en Ile Habana.
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