
Nada como un día tranquilo. Donde a pesar de ser invierno.. imaginas que es verano, te sacas los zapatos en el parque. Y no necesitas más que lo que traes puesto. Nada de abrigos ni chalecos. Sólo tú y el sol que te inunda desde arriba. Que te reinventa. Y entonces estás ahí en el pasto con otro cuerpo que políticamente no es tuyo, pero del que esencialmente eres dueña. Te completa. Y juntos se miran. Se observan a través de los cristales, intentando descubrir verdades que no saben. Toman helado, se sonríen en silencio. Se dan besos. Se abrazan. Y se prometen una vez más, que el mundo será solamente suyo. Después de tiempos difíciles se aprietan las manos, se acarician las llagas con suavidad. Se perdonan. Luego cae la noche. Y se prometen una vez más, que nada podrá separarlos. Que el amor sí es suficiente, sólo hay que poner las ganas y los puños para poder colorearlo.
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