Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 21 de octubre de 2008

Basta de llorar


Basta de llorar. De quedarme sentada bajo la lluvia. No quiero ver los coches pasar. Ni mi alma como termina de quebrarse en montones de pedacitos de fuego. No quiero gritar a oídos sordos, a bocas cerradas, a sueños tontos. Es esa pared entre la verdad y la mentira, entre una mano y la mía. Y cualquier cosa podría llamarse soledad, ya no importa el nombre, sólo existe realidad. Una cruda, temblorosa y venenosa realidad. Basta de llorar. De dar lástima en una pieza a oscuras. De pensar en desvanecer cuando sólo se desea despegar. Qué importan los corazones, las ilusiones, si al final del camino todo muere, todo fallece. Y no sirve palabra ni sentido, no otorga significado ni consuelo. No abraza ni desgarra. Basta de llorar. De dejar que los planetas sigan chocando contra mi espacio. Que la única gota de aliento que quedaba comienza a secarse de a poco. Se evapora. Se desgasta. Y entonces hasta el universo parecería perder su forma, o la gravedad. ¿Por qué siempre la misma incertidumbre? ¿Y esa sensación de que por más que hagas, todo estará igual de mal? ¿Para qué sirven los caminos? Al final llegamos al mismo punto de partida. Un círculo que no tuvo principios ni finales, pero que se infectó desde el primer momento. Basta de llorar, de escribir a solas, de mirar tus ojos ardiendo una vez más. 

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