
Cuánto dolor que no sabemos ajustar. No sabemos cómo quitárnoslo de encima. Las ganas parecieran no bastar para arreglar los derrumbes y las tormentas. Se me escama la piel, se cae a pedazos y cada vez el tiempo se vuelve más difícil. Los puñales por la espalda y heridas que aún no ven la esperanza de ser curadas. En cambio, sigue estando ahí, el dedo metido en la llaga. Presiona hasta el fondo, saca la sangre a chorros. Y el sol no es más sol, y la luna ya no es luna, ni verdad, ni mentira. Me duelen los labios, y el corazón. Se caen las lágrimas de a poco, se desvanecen, se pierden. Y sólo queda una figura, en un cuarto vacío. Todo el dolor encima, todo el temor, de no saber continuar, de no desear quedarse, otro segundo más en la oscuridad.
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