
Cabalgaba al borde del mar mientras un lirio bailaba con una mariposa. Una música de piano, un sonido de gaita y una voz de azúcar, nada más que cientos de caracolas cantando a orillas de la playa. Unas pocas estrellas caídas del cielo y esa flor que fallecía de a poco en sus manos. El capullo ya no tendía telas, y el tejedor ya no pintaba ilusiones. Sin embargo, aún había aire, y un aliento por beber. Un beso por exprimir hasta su última gota de miel. Y luego una lluvia, donde hay arena y un sólo par de pies, siempre hay soledad y lluvia. Siempre existe esa tranquilidad eterna donde nada es inhóspito, ni inseguro. Sólo eres tú y un horizonte inmenso, infinito. Y esa caja de palabras que no se esfuma, se convierte en letras, en nubes, en caricias. Hay un ancla, un puerto, y justo ahí beso tu sombra. Descúbreme, ábreme, desnúdame. Lo que más quiero es que seas mi aire, y que no se me escape del alma.. aún cuando a veces pueda desearlo. Cabalgaba al borde del mar. El sol y una sombra, la flor y la mariposa. Un lápiz dibujaba colores, pero todo era un ensayo, un sueño efímero en vuelo. Un iris brillante.
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