Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Bóveda celeste

Una noche de luna y un paisaje sin colores evidentes. Todo era nuevo, todo estaba ahí en blanco para descubrir y dibujar. No importaban las líneas, ni los destellos, no había ninguna cosa escrita que impidiera palpar las propias huellas en trazos de arena, o soles pensantes. Ni siquiera había olores, ni figuras, sólo había un puñado de plastilina listo para ser utilizado, para ser manipulado en unas únicas manos de sueños constantes. Y entonces la luna ilumina una playa y unas mariposas, y se pueden oír sus pequeños aleteos como una armónica música de violines. Y el mar es silencioso porque no es mar, es un mundo tranquilo, una esfera gigante de sentimientos guardados en un baúl que pocos han de conocer. Y las estrellas se convierten en polvo brillante, y eso también sirve para decorar, y con lentejuelas pinto mi cielo, y en lianas de seda me quedo a descansar después de tantos viajes sin razón. Así ha quedado el universo. En suspenso hasta que la bóveda celeste esté lista para volar.

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