Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 27 de diciembre de 2008

Las palabras


¿Qué son las palabras si no conducen a nada? ¿Si sólo son el preámbulo a un trago amargo o a un tinto añejo que más que vino es vinagre? Nunca he entendido ese propósito ambiguo que tienen de confundirlo todo, de generar expectativas o de crear embrollos en lugares donde no hacía falta. Curiosa creación son las palabras. Sin ellas no existiría comunicación, no habría aquel consenso en el cual nos hemos puesto de acuerdo para nombrar las cosas de un mundo que antes no sabía de etiquetas ni de categorías. Siempre ha habido lenguaje, eso es innegable, pero el lenguaje surge, a su vez, de una clave común entre las personas. Y sin embargo, esas claves a veces se hacen difíciles de entender porque cada vez se elaboran más nombres para una misma cosa. Ya nada es exacto. Como algunos suelen decir, las cosas "dependen del contexto" o del "cómo se dicen". Si hay algo que permanece estable, son los números y las leyes físicas, pero en cuanto a los sentimientos y las emociones, todo es relativo. Y lo peor es que no son en sí las palabras las que ponen en conflicto a naciones o a núcleos sociales más pequeños como son las familias o las parejas. Esa sería la excusa perfecta. Pero por el contrario, somos nosotros -los humanos- los que mal interpretamos, los que sacamos conclusiones apresuradas, los que generalizamos y los que nos equivocamos. Y entonces el lenguaje se hace tan vulnerable, incluso estúpido y torpe, porque aquello que debería servir para hacernos entender, sólo nos conduce a mutismos y a peleas tontas. 

No hay comentarios.: