Tendría que nacer de nuevo, para aceptar aquellas cosas del mundo que me parecen absurdas, inconsecuentes, injustas y desmedidas. Tendría que olvidarme de todo aquello que creo, que sueño, que defiendo, para poder cerrar los ojos y hacer oídos sordos de lo que sucede a mi alrededor. Y más aún, tendría que soplar mi imagen y verla volar lejos, para perdonar el increíble descaro de tu boca y de tus manos. Sí, tendría que hacerme trizas frente a los espejos y morirme allí para callar a mi consciencia que me decía que el final latía mal. Tendría que deshacerme para olvidar que la noche en la ciudad sucedió y que en cada instante de las últimas luces, de los últimos minutos, no hay nada bueno que tenga que recordar. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, existo donde existo, y yo no sé quién eres, ni quién era yo.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
domingo, 17 de enero de 2010
Descaro
Tendría que nacer de nuevo, para aceptar aquellas cosas del mundo que me parecen absurdas, inconsecuentes, injustas y desmedidas. Tendría que olvidarme de todo aquello que creo, que sueño, que defiendo, para poder cerrar los ojos y hacer oídos sordos de lo que sucede a mi alrededor. Y más aún, tendría que soplar mi imagen y verla volar lejos, para perdonar el increíble descaro de tu boca y de tus manos. Sí, tendría que hacerme trizas frente a los espejos y morirme allí para callar a mi consciencia que me decía que el final latía mal. Tendría que deshacerme para olvidar que la noche en la ciudad sucedió y que en cada instante de las últimas luces, de los últimos minutos, no hay nada bueno que tenga que recordar. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, existo donde existo, y yo no sé quién eres, ni quién era yo.
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