
A veces, cuando tenemos cosas que decir, pero que nos dan miedo, las callamos. Y ahí están, atoradas en la garganta, haciéndonos más incómodos y desdichados de lo que ya éramos cuando recién las pensamos. No obstante, cuando esas cosas salen a la luz y logran su vía de comunicación, es sorprendente lo que sucede. Piensas que haberlo dicho no era tan malo como pensabas, y además, el feedback crea oportunidades que jamás habías imaginado. En vez de tener el nudo, tienes la libertad de elegir qué hacer con la información que se te ha sido dada, la cual, generalmente, es mucho mejor de lo que uno temía. Me siento bien de haber expresado mis preocupaciones y sentimientos, pues las respuestas que recibí me invitaron a poner un poco más de esfuerzo, a volver a sentirme tranquila conmigo misma y a no siempre pensar o imaginar, lo peor de las personas.
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