Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 18 de junio de 2011

Rainy

Odio los días lluviosos. Miras afuera, el frío, el agua que cae intensamente, y no me dan ganas de hacer nada. Sólo pienso que es el día ideal para quedarse en la cama, viendo una buena película y comiendo chocolates o algo así. Puede sonar la mejor idea del mundo, sin embargo, cuando uno tiene planes o le gusta más el aire libre, todo queda arruinado. Hoy es uno de esos días lluviosos donde mi ánimo está por el piso y no quiero hacer nada. ¿Qué diferencia habrá con esos días lluviosos donde me dan ganas de salir y quedarme bajo la luvia? A veces sí quiero esos días donde estás caminando por la calle y de repente se pone a llover, y no traes paraguas ni nada para cubrirte, y entonces esbozas una sonrisa y el agua cae por tu cara como gotas de libertad. Y te quedas ahí, bajo la lluvia, con los brazos abiertos, el cuerpo mojado y la sonrisa. ¿Por qué algunas lluvias me nace odiarlas y otras me generan esa sensación de amabilidad, que me llena por dentro?

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