El día comenzó temprano. Alguna pesadilla que duró largo, y luego, la lluvia. Un sueño que no significó descanso. Después, el pasto estaba majestuosamente blanco, y del cielo caían y caían copos de nieve. La lluvia, no ha parado desde entonces. El frío, se sentía desde anoche. Y una conversación con tinte fatalista tenía lugar entre los árboles y el parque, la tarde de ayer. Una tarde de luces, de discursos, de disculpas, de paciencias, de llanto, de decirse las cosas de frente, hasta el último aliento. Y luego, el silencio, la oscuridad, las miradas sin propósito y la amarga espera de la decisión. Después, una apuesta por la oportunidad y el futuro, un abrazo apretado y tu hombro junto al mío.

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