Estuve varios días mirando la pantalla, pensando si talvez, tenía algo que decir. Y la respuesta parecía ser nada, pues el espacio estuvo vacío, las letras en reposo... hasta ayer. Creo que de a poco han vuelto a aparecer las palabras, con su tinte melancólico, con su gota de enamoramiento y con su poco de ingenuidad. O quizás, traté de mantener la boca en silencio, por un segundo, por breves instantes, cosa que claramente, no me resultó. Sea A o B, el caso es que el vaso vuelve a estar medio lleno, y ahí es cuando todo fluye en ese caudal de los poemas. Quiero dejar de ser prisionera, de esto, de lo mismo, de las ataduras que no son mías pero sí, de lo que me arrastra, hace años. Sin embargo, no sé cómo, no sé cómo salir, cómo liberarme. Sigo en el mismo cuadrado pintado de blanco y las cadenas. Estoy en pleno apogeo, en una etapa que despega y me hace feliz y a la vez, mirando la pantalla, pensando si talvez, valdrá la pena volver a decir lo mismo.

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