"O sea resumiendo, estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa" (Mario Benedetti). Qué sabio era ese hombre. A menudo, los extremos de la existencia parecen no unirse, jamás llegar a un punto de comunión. No convergen en ni una pizca de sal. Parece ridículo. ¿Por qué no podría la vida compaginarse como un buen libro de tapa dura con olor a viejo? Permanecer en el equilibrio del horizonte y saborear al menos, sólo un poco pido, de armonía. ¿Es mucho desear que todo esté arriba, en las estrellas, por un segundo? ¿Es demasiado ingenuo? Al final, uno tendería a pensar que el aquí y ahora se debate siempre en balanzas, y que mientras una sube, la otra ha de bajar.

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