Cuando no sabemos mucho cómo expresar ciertos sentimientos específicos, las analogías son útiles, sobre todo, aquellas de restorán. No sé si les ha pasado, pero a veces, con algunas comidas, uno siente que son poco suculentas, como inconsistentes, o insípidas. Son esas comidas que mientras las miras en el plato, no terminan de definirse, como si no supieras qué cresta te dieron. Piensas que la receta no tomó forma, que le faltó cocción, algún condimento para sazonar, o que el chelf de frentón se equivocó en su rol.
Tengo esos sentimientos ahora. Como nunca terminar de saber a qué atenerme, ni qué estoy realmente degustando. Siempre con continuas sorpresas, y no de las buenas, sino de esas que te hacen replantearte por qué entraste a ese restorán en primer lugar. Finalmente, ¿qué es lo que te amarra tanto? ¿Por qué uno sigue yendo a comer al mismo sitio, a pesar de los disgustos, de la incomprensión, de la indiferencia? ¿Por qué seguir pidiendo el menú, si sabes que no hay nada nuevo o mejor? ¿Por qué resistirse a lo inevitable? Es simplemente, otro plato más, inconsistente e insípido. Y talvez, entre seguir intentando algo ya fallido, ¿por qué no conocer otro restorán?

No hay comentarios.:
Publicar un comentario