Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 15 de octubre de 2012

Cartas a Camilo

He meditado tanto acerca de todo. Del universo y sus constelaciones. De los viajes a la luna. De estar sobre el cielo. De lo infinito del mar. Después, pienso en ti.

A veces vuelvo sobre mis pies, luego me digo que no puedo hacernos eso. No a mí. 

He querido llamarte Camilo, pero si lo hiciera, dejaría de ser yo misma. Faltaría a mi coherencia y respeto personal. Ese que me ha costado construir, y que talvez, algunas veces tiene más de orgullo que de otra cosa. 

Pero existe. Con sus debilidades y fortalezas.

Me he mantenido sólida durante este año, no por represión ni antojo, sino porque he entendido. Finalmente. Que no todo lo que uno quisiera se cumple. Que no todo está destinado a ser, aún cuando entregues todo de ti en el campo de batalla. Simplemente, no ocurre.

¿En qué estarás?

De tanto en tanto creo que sería posible. Vernos. Hablar. Mirarnos sin sentir nada. Pero cada vez que estás ahí, lo estropeas todo. Y entonces ya no tengo ganas. De sentir tu mano. De sentarme a tu lado. De pensar en las oportunidades. Ni siquiera de imaginar alguna posibilidad remota que juntara nuestros espacios. No así. 

¿Cómo no te das cuenta?

Lo que no está hecho para ser no se puede forzar. Menos, si se usan las herramientas inadecuadas. No basta con querer, no basta sólo con sentir. No basta con creer que se ama. Hay toda una pista de situaciones entre medio. De detalles. De trabajo. 

Pero también me pregunto; algo que requiere tanto esfuerzo, ¿puede perdurar?

Quisiera tener las cosas lo suficientemente claras como para decirte algo. Alguna respuesta. Sin embargo, se me hace difícil con tanto camino incierto frente a mis ojos. A veces siento, a veces no Camilo. A veces me invade la locura. A veces sobreviene la tristeza acumulada. 

Y al final del día, siempre llego a la conclusión de que así no se puede. No como ahora. 

Es demasiado el daño que nos hacemos, aún cuando no nos lo proponemos. Aún cuando queremos que todo sea distinto. Aún cuando queremos creer que un milagro puede suceder. Simplemente no se puede. 

Quisiera pedirte que vengas. 

Pero sólo sé que lloraría. 

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