Hoy, me siento vacía en una clase repleta de gente, y el profesor habla y habla lo que para mí sólo es el zumbido lejano de una abeja, casi imperceptible, como si nada del contenido permaneciera en mi cabeza. Pasa por mis oídos pero no retiene. Me siento estando sentada en una silla casi por obligación, porque hay que hacerlo, porque alguna vez fue el único lugar donde yo quería estar. Mi sueño. Mi sentido.
Hoy, me siento vacía en una clase llena de cuadernos. Apoyo la frente sobre la muralla y estoy en clase, pero a la vez no. No estoy en ninguna parte, ni siquiera en mí. A veces pareciera que me duermo, de a ratos, los ojos me gotean y me tiritan solos. Trato de contenerme, sí, con tal de que nadie me vea, de que nadie se fije en mí.
Hoy, me siento vacía en una clase que ya no me importa. Hay voces afuera, sólo silencio en mi cabeza. Ganas de no estar aquí, ganas de no estar en ninguna parte. Me falta el aire, algo se mueve intranquilo. No quepo dentro de mí, dentro de este cuerpo. No puedo respirar. No quiero estar aquí.
Hoy, me siento vacía en una clase de paredes blancas. Los compañeros prestan atención, la gente habla. Pero para mí, todo parece desbordarse. Ninguna cosa me hace feliz, not anymore. Y yo, estoy sentada pero no estoy. Sólo escucho el ruido de mi cuerpo. El desasosiego. No puedo respirar. No quiero estar aquí. Nada de esto me parece parte de la puta vida real.

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