Ayer en la mañana la casa estuvo vacía. Como esos días que ya sabés. Persianas en anochecer, la oscuridad pintándose de rojo, una reunión agendada a las ocho y media, con esa sutil "helada" matutina. Abrir los ojos y ver tu sonrisa. Extender los brazos y recibir un beso. Hacer un espacio para sentirte en mi costado, con los pajaritos cantando y la piel adorándose en demasía. Ayer la casa estuvo vacía. Como esos días que ya sabés, que planificábamos un amor furtivo, para soltarlo todo y entregarlo todo. Ni más, ni menos, todo. Con el frío y el calor al mismo tiempo. Con todos los planetas alineados, y algunas veces, ni por si acaso. Ayer la casa estuvo vacía, sólo que ya no había ninguna reunión que agendar, ni sonrisas por ver al despertar, ni besos que recibir. Y esa pieza que se pintaba de rojo, ayer por la mañana no era más que soledad recubierta de gris.

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