
Nunca quisiste escuchar lo que tenía que decirte. Hiciste oídos sordos justo después de todo el tiempo que yo no había querido entender. Y cuando por fin abrí los ojos, ya había perdido tus labios en un mar de ilusión. Qué triste, qué tontos que fuimos. Teniendo todo el camino y el mundo entero sólo para nosotros, nos abandonamos a la cobardía. Nada más que un poco de valor hubiese bastado para comprender que nos queríamos el uno al otro, y sin embargo, se nos escaparon las palabras, nos fuimos achicando de a poco. ¿Qué son ahora las historias, las risas o los besos?.. un sueño perfecto esfumado en una última bocanada de tabaco.
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