
Antes, escribir era un ímpetu contenido. Algo en lo que siempre podía depositar sensaciones, pensamientos y sentimientos. Podía colocar lo que yo quisiera sin límites. Las servilletas o el papel dejaban a la tinta escapar sueños e ilusiones, y una que otra caricatura repetida en mi disco duro del arte callejero. Escribir era casi un hábito, una costumbre que aparecía con el primer té de la mañana, para no acabar nunca, pues ni en aquellas horas en las que el cuerpo duerme, mi cabeza dejaba de maquinar. Cómo olvidar esas noches en las que se hacía necesario encender la luz y garabatear todo en cualquier papel, para al día siguiente no olvidar las buenas cosas que se me habían ocurrido. Parece ser verdad entonces, que a algunas personas, el cerebro les funciona mucho mejor durante la noche. En fin, escribir era algo muy propio de mi. Un poco de caldo de mi propia melancolía, de mis insatisfacciones, de mi vida cotidiana, y de ciertos mundillos paralelos. Era pasear por las calles, observando en silencio, y sentir que cada cuadra tenía algo que decir. Y sin embargo, hoy escribir está un poco más renegado. No sé por qué. Siento que sigo teniendo emociones o la necesidad de describir cosas, pero es como si me faltaran las palabras exactas para ponerlo por escrito. O quizás soy más feliz y tengo menos contenido para descargar. No sé, es extraño. Antes no concebía mi existencia sin una frasecita por aquí, o unos pensamientos por allá, o ciertos poemas al reverso de un cuaderno. Ahora es casi como si no tuviese nada que contar. Millones de páginas en blanco, y un lápiz sólo esperando, esperando tranquilo y paciente.
1 comentario:
diria que me siento identificado, pero eso nunca lo quiere escuchar un escritor cuando habla de si mismo. un saludo. y escribe de cualquier cosa. pero no te quedes estancada de escribiendo de tu inabilidad de escribir, ese es mi tumba :E
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