Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 14 de agosto de 2009

At the end of the morning


Hoy es temprano en la ciudad. Pero no hace frío. Dormí mal. Sí, como todo el resto de los días de esta semana. No puedo concentrarme en descansar, más bien no puedo concentrarme en nada. Y a cada segundo pienso en las diversas alternativas que existen para no ir a la universidad. Pienso que quizás, así sería más fácil, el esconderme. El tener que enfrentar un mundo roto cuando sientes que ya no tienes las ganas, ni la fuerza. No tendría que caminar sola por los pasillos sabiendo que en cualquier minuto podrían salirse las lágrimas. No tendría que saludar, ni fingir, ni hablar con nadie. Pienso que si me quedo en la cama podría estar tranquila con la vida, con la consciencia, las emociones o lo que sea. Pienso que no tendría que hacerme responsable de nadie más, si sólo me quedo ahí mientras cierro los ojos. Pero no es cierto. Nada de esto es posible. Ya comenzó el día. Y yo estoy en la micro y ésta sólo avanza. No podría hacer nada más que bajarme y regresar. Pero, ¿para qué? ¿Qué conseguiría realmente? Entonces el semáforo nos detiene. Me da la oportunidad. Y aún así, no me bajo. Me quedo mirando a través de los cristales las calles, los árboles, las personas. Sí, siempre suelo hacer eso. Porque siempre me provoca algo, alguna sensación o algún recuerdo, no sé. Y hoy, especialmente hoy, sigo sin sentir nada. Yo solía disfrutarlo. Y pienso, en una que otra curva, que quisiera esconderme de todo esto pero no puedo. No puedo volar, no puedo reír, no puedo siquiera, respirar en un mundo que está roto. So, at the end of the morning, the only thing left, is to cry about. 

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