Hoy estoy de nuevo aquí. En esos parajes desolados. En esas flores marchitas. En esos caminos donde no sabes en quién confiar, ni a quién acudir para que te arrope a la hora de dormir. Y entonces está sólo mi diario, mi fiel compañero, esperándome para que me desgarre el corazón una vez más en la tinta y el papel. Leí en otro sitio, un sentimiento que parecía ser el reflejo de los míos, y decía algo así como de que se me olvidó amar, pero más que nada, yo creo que me he olvidado del amor. Ya no siento lo mismo. Y hoy estoy de nuevo aquí. En las dudas. En la incertidumbre. Llorando en la oscuridad. Tratando de localizar lo que hace tiempo se perdió. Y todo mi cuerpo se estremece, porque no sé qué pensar, no sé qué es bueno ni qué es malo, no sé lo que quiero, no sé lo que me hace sentir mejor o más feliz. Parece insólito pero es como si el tema de las elecciones y las decisiones me persiguiera. Algo así como el karma o qué se yo. Y en estos momentos sólo tengo un vacío, una sensación extraña en mi alma, y las ganas de llorar cada vez que me subo a la micro, que escucho música, que camino por las calles, todo el tiempo en realidad. Es tan difícil. Quisiera saber que existe alguien que está para decirme lo que necesito, lo que necesito escuchar y hacer. No estoy en mi mejor momento, eso es claro. Y siento que cada vez que doy un paso adelante, retrocedo como cien. Es tan doloroso, y tan frágil, vivir, no es lo más sencillo en ocasiones. Dime, ¿qué debo hacer? Sería la alegría de mi día si alguien pudiese responderme eso. Porque no quiero estar aquí. No de nuevo. No en la penumbra, no en las preguntas, no en las tristezas.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
lunes, 10 de agosto de 2009
Dilema de tristezas
Hoy estoy de nuevo aquí. En esos parajes desolados. En esas flores marchitas. En esos caminos donde no sabes en quién confiar, ni a quién acudir para que te arrope a la hora de dormir. Y entonces está sólo mi diario, mi fiel compañero, esperándome para que me desgarre el corazón una vez más en la tinta y el papel. Leí en otro sitio, un sentimiento que parecía ser el reflejo de los míos, y decía algo así como de que se me olvidó amar, pero más que nada, yo creo que me he olvidado del amor. Ya no siento lo mismo. Y hoy estoy de nuevo aquí. En las dudas. En la incertidumbre. Llorando en la oscuridad. Tratando de localizar lo que hace tiempo se perdió. Y todo mi cuerpo se estremece, porque no sé qué pensar, no sé qué es bueno ni qué es malo, no sé lo que quiero, no sé lo que me hace sentir mejor o más feliz. Parece insólito pero es como si el tema de las elecciones y las decisiones me persiguiera. Algo así como el karma o qué se yo. Y en estos momentos sólo tengo un vacío, una sensación extraña en mi alma, y las ganas de llorar cada vez que me subo a la micro, que escucho música, que camino por las calles, todo el tiempo en realidad. Es tan difícil. Quisiera saber que existe alguien que está para decirme lo que necesito, lo que necesito escuchar y hacer. No estoy en mi mejor momento, eso es claro. Y siento que cada vez que doy un paso adelante, retrocedo como cien. Es tan doloroso, y tan frágil, vivir, no es lo más sencillo en ocasiones. Dime, ¿qué debo hacer? Sería la alegría de mi día si alguien pudiese responderme eso. Porque no quiero estar aquí. No de nuevo. No en la penumbra, no en las preguntas, no en las tristezas.
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