
A veces, el corazón manda. Con sus latidos incesantes, con la personificación de cada yo distinto que aparece ante nosotros. Se alimenta de fantasías, del amor que lo domina y lo revive. En algunos otros casos, se debate entre el deber ser, la razón y la lógica. Y sin importar cuál sea la manera, el camino, ese que pisamos cada día, sin letreros ni paisajes, nos trae por círculos y líneas abiertas, que no podíamos si quiera prever. Dejar de controlar. No hay que disponer ni esperar atrapar, sólo aprender a saborear tanto lo positivo como lo negativo, lo difícil y lo fulgurante. Desenrollar, poner los dedos en el mar. Saber leer.
Ya el guerrero pronunció su verdad mientras dormíamos "Agradece al Altísimo todo lo que has vivido, todo lo que eres. Conéctate con tu corazón, siente tus latidos. Respira, escucha. Elévate y respira nuevamente".
Aún cuando menos lo sientes, las respuestas están en ti. Escondidas, disfrazadas, bajo el consciente, por descubrir, por escribir o por conocer.
"Tu vida tiene que ver con todo lo que ves. Eres parte de ello. Tienes todo para ser feliz, así que no busques más allá de ti".
En silencio, al sol, bajo el agua, sobre el pasto... escucha, siéntelo latir.
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