
Un hadá cayó muerta en algún lugar de la ciudad. No habían risas ni aplausos para ella. Se negó su existencia en el vocablo. Un ente solo. Un mundo solo. Un desconocido diciendo porquerías. Aprendiendo cosas que los libros no pueden enseñar. Tanta pérdida de tiempo. Tanta ala destrozada. Un baile sin centímetros. Un paso de pie plano. Cayó muerta en un espacio sin luz. En un cuadrilátero de pérdida. Y entonces, la poesía no alcanzó para medir el deconcierto. Enmudeció. Dejaron de existir palabras.
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